Tres beneficios de la evaluación visual del suelo, un método fácil y práctico para evaluar la salud del suelo

Tres beneficios de la evaluación visual del suelo, un método fácil y práctico para evaluar la salud del suelo

Para mejorar la calidad y la productividad de nuestros suelos, debemos primero conocerlos. Por eso, una evaluación visual de suelo (EVS) es un método fácil y práctico, validado técnicamente, que está al alcance de cualquier agricultor para conocer las propiedades y estado de salud de su suelo. Con la EVS, se evalúa la condición o salud de un suelo; es decir, su fertilidad o potencial de fertilidad, y por ello se vuelve una herramienta para diagnosticar el suelo en cuestión. Además, permite hacerse una idea cualitativa para saber qué tanto esfuerzo e insumos habría que invertir para alcanzar un buen nivel de productividad.

¿Por qué es importante para nuestras decisiones? Porque un suelo pobre requiere más esfuerzos y más insumos que lo que requiere un suelo con de buena salud.

¿Qué se necesita?

La guía (impresa o en el teléfono), una pala y un saco o costal.

Puedes revisar las guías de evaluación en los recursos de nuestra web:
🌐Instructivo sobre la evaluación visual del suelo: https://asa.crs.org/…/evaluacion-visual-de-suelos-instruct…/
🌐 Si cultivas granos básicos: https://asa.crs.org/…/evaluacion-visual-del-suelo-granos-b…/
🌐 Si cultivas café: https://asa.crs.org/recur…/evaluacion-visual-del-suelo-cafe/

¿Cuándo es el mejor momento para hacerlo?

Lo ideal es cuando ya ha empezado a llover, al inicio del invierno. Si el suelo está muy húmedo o muy seco es más difícil. No implica que pierda su validez en otro momento.

¿Dónde?

Al igual que para sacar una muestra de suelo, lo ideal es hacer dos o tres pruebas por lote de muestreo. Es importante que cada lote o unidad de muestreo esté bien delimitada. ¿Qué se busca en la unidad de muestreo?: el mismo tipo o clase, el mismo color, la misma textura, los mismos arreglos y el mismo manejo (si se ha fertilizado, se ha encalado).

Foto por Silvia Salazar/CRS.

 

Como agricultores, si optamos por realizar esta evaluación una vez cada dos años (o cada año, si hemos visto también cambios en nuestros suelos que lo ameriten) alcanzamos tres grandes beneficios:

  1. Ganamos autonomía: no necesitamos de un técnico o de un laboratorio, porque es algo que podemos hacer nosotros, directamente en nuestros suelos, y nos ayuda a tomar mejores decisiones. Por ejemplo, si no hacemos estas u otras será difícil encontrar las prácticas más favorables para conservar nuestros suelos y para aprovechar al máximo su potencial productivo.
  2. Ganamos un conocimiento que es técnicamente robusto y que percibimos a través de nuestros sentidos: permite ayudarse en la interpretación de las condiciones de los suelos, tanto por fertilidad o productividad, pues es posible evaluar si las raíces van a poder crecer bien y si hay condiciones para un desarrollo de la vida. Esto es fundamental en un enfoque integral entre la dimensión química, física y biológica: con esta herramienta no se mide lo químico, pero se integra con ello. Es, más bien, la oportunidad de volver a ver al suelo, de sentir con nuestras manos qué está pasando ahí y cómo podemos trabajarlo para que sea más productivo, es decir alcanzar un mayor rédito en nuestra actividad económica.Por ejemplo, es posible ver y entender sobre la estabilidad estructural que tienen nuestros suelos. Esto se observa en el tamaño de los agregados, que determinan la porosidad y conductividad en su estado natural, qué tan permeables son, y qué tan rápido se infiltran y mueven el agua y el aire. Y estos por siguiente están relacionados con la actividad fisiológica de las raíces, lo que implica que nuestros cultivos van a ser más productivos.
  3. Ganamos un complemento ideal para los análisis de laboratorio: si podemos delimitar nuestras unidades de muestreo para corroborar que tengo el mismo suelo al que le hice los análisis químicos y luego hacemos nuestra propia evaluación visual del suelo alcanzamos una comprensión más profunda; incluso, si no tengo el análisis químico, con esto puedo empezar a diagnosticar.

En Nicaragua, Amado Mendoza Barrera muestra una lombriz que utiliza en la producción de su propio fertilizante orgánico. Foto por Oscar Leiva/Silverlight para CRS.

 

¿Por qué debemos conocer y preocuparnos por la salud de nuestros suelos?

¿Por qué es clave para nuestro trabajo como agricultores? Porque estamos vigilantes para alcanzar el suelo más sano posible. El concepto de salud del suelo se usa para referirse a la capacidad de este de funcionar como un sistema vital: el suelo vive y la vida es el móvil de todo lo que sucede ahí. Esa capacidad mantiene la productividad biológica que sostiene o mantiene la calidad ambiental y permite o facilita la salud de las plantas, animales y seres humanos. El concepto de salud es más integrado.

El paradigma tradicional que se ha usado para manejo de suelos es el de fertilidad, pues por el propio desarrollo de las ciencias se fue derivando hacia lo químico, pero debemos recordar que el suelo es un cuerpo vital, que funciona como un cuerpo vivo.

De eso nace el paradigma de pensar en el suelo como un ente que es parte del concepto de salud total, multidisciplinario. Un suelo sano promueve la salud de las plantas, de los animales y, al final de esta cadena, la salud de los seres humanos también. Por eso debemos aprender a manejar las interacciones entre los seres vivos. Es la idea de pasar de la restauración física y pensar en la restauración biológica, de manera integral.

 

Arnoldo Linares usa las prácticas ASA en su cultivo del maíz en San José La Arada, Guatemala, y es prueba de los beneficios de un buen manejo del suelo. Foto de Katlyn Holland/CRS

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